En la última década, el BIM ha dejado de ser una tendencia para convertirse en un requisito estructural en los proyectos de mayor envergadura. En España, la evolución ha sido significativa, especialmente en el ámbito público, pero persiste un desequilibrio evidente entre administraciones cada vez más maduras digitalmente y operadores económicos que aún tratan de adaptarse al nuevo nivel de exigencia.
De la implantación normativa a la madurez real
La incorporación progresiva del BIM en la contratación pública, impulsada por la actualización de la Ley 9/2017 de Contratos del Sector Público y reforzada por los fondos europeos vinculados al Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia, ha acelerado la digitalización del sector.
Muchas administraciones han desarrollado en pocos años estándares BIM propios, entornos comunes de datos (CDE) y requisitos cada vez más orientados a la generación de modelos interoperables, trazables y preparados para evolucionar hacia el digital twin. La integración con sistemas IoT y herramientas de análisis avanzado ya no es un escenario teórico en determinados proyectos estratégicos.
Sin embargo, la madurez de la demanda no siempre ha ido acompañada de una madurez equivalente en la oferta.
Un mercado tensionado por la falta de competencias
El impulso inversor de los últimos años ha generado una elevada demanda de perfiles con experiencia real en gestión BIM. Parte del talento especializado ha migrado hacia la consultoría o hacia la propia administración, donde la capacidad técnica está siendo especialmente valorada para definir estándares, supervisar modelos y gestionar contratos complejos.
Al mismo tiempo, muchas ingenierías y estudios han crecido con rapidez para atender el volumen de encargos, incorporando perfiles junior que, en numerosos casos, dominan el software pero no necesariamente la metodología. El resultado es un escenario donde se modela mucho, pero no siempre se trabaja en BIM con rigor metodológico.
Este desajuste se traduce en retrasos en la validación de modelos, dificultades para cumplir con requisitos de información y tensiones en los procesos de coordinación.
El aprendizaje pendiente: el BIM no es una herramienta
Uno de los principales errores que todavía persisten en el mercado es identificar BIM con modelado. La experiencia internacional demuestra que la verdadera madurez no reside en la capacidad de generar modelos 3D complejos, sino en estructurar procesos, definir responsabilidades, garantizar calidad del dato y asegurar la trazabilidad durante todo el ciclo de vida del activo.
En España existen empresas que han invertido de forma sostenida en desarrollar estándares propios, automatizar validaciones y estructurar equipos con roles claramente definidos. Estas organizaciones compiten a nivel internacional y demuestran que el nivel técnico es comparable al de los mercados más avanzados.
El reto es sistémico: extender esa cultura metodológica al conjunto del tejido empresarial.
Una oportunidad estratégica
El marco actual no debe interpretarse como una obligación normativa. Representa una oportunidad para consolidar un ecosistema digital sólido y competitivo.
Si la administración continúa elevando el nivel de exigencia y el sector privado responde invirtiendo en formación estructurada, procesos y control de calidad, el resultado puede ser una transformación duradera. En caso contrario, el riesgo es generar una brecha creciente entre lo que se exige y lo que realmente se puede entregar.
En 2026, la pregunta que tenemos que ponernos no es si el BIM debe implantarse. La cuestión es cómo convertir su aplicación en una práctica homogénea, madura y orientada a resultados.
El futuro del sector dependerá menos de la tecnología disponible y más de la capacidad de invertir en personas. Porque el BIM no es un objetivo a alcanzar, sino un lenguaje común que debe compartirse entre promotores, proyectistas, constructores y gestores.
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