En Europa ya no se habla solo de ciudades inteligentes, sino de ciudades que cuidan activamente la salud de quienes las habitan. El Índice de Diseño Urbano Saludable (IDUS), desarrollado por el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), va justo en esa dirección: medir hasta qué punto el urbanismo favorece o dificulta el bienestar físico y mental de la ciudadanía.
El trabajo analiza 917 ciudades de 26 países europeos a partir de datos abiertos y teledetección, y el resultado tiene una lectura clara: las áreas urbanas pequeñas tienden a ofrecer mejores condiciones de salud y bienestar, mientras que las grandes áreas metropolitanas destacan en diseño urbano compacto y transporte sostenible. En la parte alta del índice aparecen nombres muy conocidos: Pamplona, Ginebra, Harlow, Bilbao, Madrid o Lisboa.
Para un estudio de arquitectura especializado en BIM y ciudad como BIMPRO, este tipo de herramientas no son solo estadísticas: son insumos de proyecto.
El IDUS se construye a partir de trece indicadores que la literatura científica relaciona directamente con la salud urbana. No se centra en la forma de la ciudad desde un punto de vista estético, sino en cómo se vive y se experimenta:
Se analizan cuestiones como la densidad de viviendas, la compacidad de la trama, la altura media edificatoria, la permeabilidad de las manzanas, la presencia de islas de calor, los niveles de contaminación (PM2.5, NO₂) y el acceso real a zonas verdes, tanto de barrio como de gran escala.
Lo interesante es que el índice no solo compara países o grandes capitales, sino que agrupa las ciudades por tamaño para que los resultados sean comparables: grandes áreas metropolitanas, áreas metropolitanas, áreas urbanas medias, áreas urbanas pequeñas y ciudades pequeñas. De este modo, Madrid compite con otras grandes metrópolis, mientras que Pamplona se evalúa frente a ciudades de 50.000 a 200.000 habitantes.
En la categoría de áreas urbanas pequeñas, Pamplona aparece como uno de los casos más sólidos: buena densidad, tejido compacto, altura media equilibrada, red peatonal extensa, acceso a transporte público y una dotación notable de zonas verdes.
Ese equilibrio se traduce en cifras concretas: una proporción significativa de las vías cuenta con aceras funcionales, existe infraestructura ciclista real y más de la mitad de la población tiene una parada de autobús y un espacio verde a menos de 300 metros de casa. No es una abstracción: son condiciones de diseño que impactan en la actividad física, el estrés, la exposición al calor y la contaminación, y, por tanto, en la salud.
En el grupo de ciudades medianas, Bilbao destaca, mientras que en grandes áreas metropolitanas la mejor posicionada es Madrid, seguida de otras capitales europeas con tradición de planificación. El mensaje que deja el índice es claro: ninguna ciudad alcanza una puntuación sobresaliente. Hay avances, pero también un enorme margen de mejora.
El IDUS evidencia un patrón que se aprecia en muchas ciudades españolas: las grandes áreas metropolitanas concentran las mejores prácticas en diseño urbano compacto y movilidad sostenible, pero pagan el precio de una peor calidad ambiental; las ciudades pequeñas, en cambio, suelen ofrecer mejor aire, menos calor y más verde, aunque a veces con menos opciones de transporte público estructurado.
No se trata de decidir si son mejores las ciudades grandes o las pequeñas, sino de entender qué condiciones espaciales favorecen realmente la salud y cómo se pueden reforzar desde el planeamiento, el diseño urbano y la arquitectura. Ahí es donde herramientas como el BIM y los modelos de ciudad digital empiezan a jugar un papel decisivo.
En BIMPRO, este tipo de índice no son solo meros dato a citar, son una guía para integrar la salud en el proceso de diseño desde el inicio.
Trabajar con modelos BIM a escala de edificio y de tejido urbano permite:
La lógica del BIM, aplicada al urbanismo, es la misma que en la edificación avanzada: trabajar con datos, no solo con geometrías. El paso siguiente es conectar estos modelos con datos abiertos y capas procedentes de teledetección, cartografía urbana y sistemas de información geográfica. De ahí pueden salir propuestas que no solo respondan a normativa, sino que mejoren explícitamente los indicadores de salud urbana.
Del ranking a la acción: cómo convertir los indicadores en proyectos
El Índice de Diseño Urbano Saludable no pretende ser un podio definitivo, sino una herramienta de diagnóstico. La clave está en lo que las ciudades decidan hacer con esta información.
Para estudios de arquitectura y BIM el siguiente paso es claro:
traducir indicadores en decisiones de diseño. Significa proyectar edificios, calles y espacios públicos sabiendo cómo afectan a la movilidad activa, a la exposición al calor, a la ruidosa frontera entre tráfico y vida peatonal, al acceso real a zonas verdes.
Si el BIM nos permite coordinar cada capa técnica del proyecto, índices como el IDUS nos recuerdan por qué lo hacemos: para que la ciudad no solo funcione, sino que salga saludable en la foto de los datos… y, sobre todo, en la vida cotidiana de quienes la habitan.
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